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Selección

Enormemente pequeños

Todavía no he tenido la oportunidad de leer la novela “El Dios de las pequeñas cosas”, sin embargo, el título encaja a la perfección con el espíritu que me transmiten las fotografías de Ma Casanova. En todas ellas percibo una presencia poderosa escondida tras lo aparentemente insignificante.

La normalidad de la vida de un individuo transcurre entre un círculo de personas y acciones muy reducido. Nos levantamos, hacemos deporte, vamos a trabajar, hablamos con nuestros compañeros, leemos, cocinamos… A veces, nos aferramos tanto a este reducto de actividades personales que olvidamos su pequeñez dentro del cómputo global del mundo. Creemos que son fundamentales porque ocupan un gran espacio dentro de nuestra existencia, pero solo tenemos que levantar la vista y mirar a nuestro alrededor para recordar que su influencia es tan diminuta como la del sujeto que la ha puesto en marcha.

Ahora bien, partiendo de la limitada capacidad de control que podemos ejercer a gran escala, lo siguiente es darnos cuenta de lo imprescindibles que somos dentro de nuestro pequeño universo diario. Hay miles de acciones necesarias que debemos llevar a cabo para que todo siga su curso habitual. Lo importante es ser conscientes de cual es nuestro campo de actuación para no dejar de enriquecerlo y aprender a disfrutar de él en relación con lo que la naturaleza es capaz de ofrecernos.

Las fotografías de Ma Casanova nos muestran el placer y la belleza de lo cotidiano, de todo aquello que nos define como seres humanos. En ocasiones, la sorpresa viene dada por la particularidad de un gesto o un hecho que se ha revelado estéticamente hermoso: una mariposa que se posa en su vestido, el movimiento del cabello de una mujer… Otras veces la mirada va más allá y en sus proximidades encuentra instantes llenos de belleza simplemente porque nos son propios: la expresión espontánea del amor, la tranquilidad y concentración que experimentamos al leer un libro, el disfrute al contemplar un paisaje, la naturalidad con la que vivimos nuestros momentos en familia…

Equilibradas, evocadoras y sobre todo sinceras, las imágenes de Casanova nos convierten en cómplices de historias anónimas, que aunque no son reflejo de la felicidad soñada, nos pertenecen, y cada uno aprendemos a quererlas a nuestra manera.

 Nerea Ubieto, 2011

Infinitely small, 

I still haven’t had the chance to read the novel «The god of the small things», nevertheless, the title fits perfectly with the spirit that Ma Casanova’s images transmit to me. In all of them I perceive a powerful hidden presence under an apparent insignificance. 

The normality of life of an individual elapses inside a very reduced circle of people and actions. We wake up, do some excercise, go to work, talk to our colleagues, read, cook…Sometimes, we cling to this reduct of personal activities so much that we forget their smallness in relation to the global computation of the world. We think they are fundamental because they hold a big part in our own existence, but we only need to look up and see our surroundings to remember that its influence is as small as the subject that has set it in motion.

Now, coming from the limited capacity of control that we can reach in a big scale, next we have to realize how essential we are inside our own day to day universe. There are thousands of necessary actions we must do so that everything follows its natural course. The important thing is to remain conscious of what is our filed of action so that we don’t stop enriching it and learn to enjoy it in relation to what nature is able to give us. 

Ma Casanova’s photography shows us a pleasure and beauty in the ordinary, everything that defines us as humans. Sometimes, the surprise comes from a simple gesture or a moment that has been revealed to be aesthetically beautiful: a butterfly sitting gently on a dress, the movement of a woman’s hair…Other times, the gaze goes further and in it’s proximities finds moments filled with beauty, simply because they are ours: the spontaneous gesture of love, the calmness and concentration that we experiment when we read, the joy of contemplating a landscape, the natural way in which we share  moments with our family…

Balanced, evocative and, above all, sincere, the images of Casanova make us accomplices of anonimous stories that, even if not a reflection of a dreamt happiness, belong to us and we learn to love them in our own way. 

 Nerea Ubieto, 2011

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