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Exilio. Pasar a través de lo humano

Luis González Palma

Siempre tuve el deseo de “afectar” mi obra fotográfica con la presencia de mi cuerpo. Desde los inicios de mi trabajo utilicé la pintura y la veladura como formas de intervención sobre la imagen fotográfica. Por alguna razón, sentía que la imagen fotográfica en sí carecía de una caricia corporal, de la presencia de un cuerpo que la dotara de un aura especial. Pintar la fotografía, rasgarla, pegarla, romperla fueron estrategias que fui inventado para poder tocar mi propia mirada, o la huella de mi mirada. Sentía que esta presencia del gesto habilitaba a la imagen para mostrarse desde otra dimensión.

Pasaron muchos años hasta que me atreví a usar mi cuerpo directamente sobre una superficie en blanco. Es sabido que, en la fotografía, las imágenes surgen sin la presencia directa del cuerpo: “por primera vez la imagen no nacía en el cuerpo (o con el cuerpo) sino fuera del cuerpo”, como señala Fontcuberta en relación a la invención de la fotografía, y esa idea es algo que siempre he tenido presente.

Exilio es un paso adelante, o a un lado, en mi proceso. Dibujar es una experiencia que me es afín pero que desconozco de alguna forma, en donde me siento afuera pero que atesoro, es la posibilidad de plasmar directamente, sin mediación técnica, mi forma de entender el mundo. Es a partir de estos collages en donde trato de reflejar sensaciones que no puedo mostrar de otra forma, dibujando, borrando, pintando, pegando, así es como me he ido “exiliando” de la fotografía. Pero, como todo exiliado, llevo siempre conmigo algo de recuerdo, retazos de fotografías abstractas que sigo integrando en la composición para estar acompañado en un territorio que no es el usual en esta práctica.

Este proyecto me ha dejado la mente alterada, ha sido una aventura hacia el temor, la duda, la incertidumbre en torno a la idea de la representación. Con Exilio he deseado recorrer un camino hacia el silencio de la línea, entablar una lucha contra mis temores para tratar de recuperar  gestos de mi infancia, intentando que sea la mano quien dibuje lo que todavía no puede imaginar, lo que solamente intuye.

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