Exposición “Why not?”. Axelle Fossier, Ernesto Arroyo

Inauguración: 15 de Septiembre de 2010

Why not?

Blanca Berlín Galería comienza la temporada de otoño con una propuesta arriesgada en autoría y concepto expositivo. “Why not?” reúne las fotografías de dos artistas emergentes, cuyos estilos poco o nada tienen que ver, basando el motivo de esta unión en la posibilidad que tiene el ser humano de hacer uso pasional y caprichoso de su libertad de acción.

Sin apenas dejar espacio para la improvisación formal, Ernesto Arroyo (España) utiliza su agudeza y sentido del humor para convertir objetos cotidianos en algo diferente insertado en una  escenografía que refuerza su nueva funcionalidad. Por otro lado, impulsiva y emocional, Axelle Fossier (Francia) crea enigmáticos paisajes que activan la imaginación del espectador y le incitan a sumergirse en una atmósfera de irrealidad.

Textos

“El universo no es más que un caos al que los Hombres oponen el verbo y las formas”. – Nicolas Bourriaud

Axelle Fossier y Ernesto Arroyo son dos fotógrafos de acentuada personalidad a los que resulta llamativo descubrir compartiendo un mismo espacio por sus claras diferencias estéticas y conceptuales.

“Mis fotografías me salen de dentro, del corazón”, dice Axelle Fossier al hablar de la concepción de sus obras. Esta afirmación se hace evidente en cada una de las piezas que conforman Refugios Interiores, una serie de paisajes oníricos, extraordinariamente sugerentes, que nos muestran una realidad urbana trasformada por la mirada íntima de la artista, a través  de la  que  se translucen gran parte de sus emociones.

La fotógrafa francesa construye mundos de ensueño destacando aquellos elementos de la realidad que le cautivan y eliminando los que considera superfluos. Para conseguir estas “visiones atemporales”, desdibuja las formas mediante un uso selectivo de la luz y otorga un deliberado protagonismo a las masas de color negro que cubren fragmentos de realidad. Este procedimiento, le permite, además, dar la posibilidad al espectador de sustituir dichas  zonas  ocultas por otras obtenidas de su propia imaginación.

Mucho más concretos y directos son los pensamientos desencadenados por las fotografías de Ernesto Arroyo, que, cargadas de grandes dosis de ironía e ingenio, estimulan la inmediata complicidad del público. Sus imágenes parten siempre de la realidad fotografiada o escaneada y se terminan de configurar a través de la construcción digital, la técnica más apreciada por el artista puesto que le permite elaborar sus obras eliminando el rastro visible de la intervención. Las fotografías resultantes, a menudo impregnadas de un tono pictórico, nos muestran objetos transformados desarrollando una acción propia de la nueva naturaleza que han adquirido. Para Arroyo, lo primordial es crear escenarios y ambientes en sintonía con su vida actual, por ello, cada uno de los elementos que componen la imagen orbitan en la misma dirección conceptual.

Ambos autores parten de una realidad encontrada para trasformarla en una ficción, que no es sino la proyección de sus propios idearios y experiencias personales. A partir de dicha tesis, se podría generar un discurso racional que justificase la unión de obras tan dispares, sin embargo, no es tal la intención de la presente muestra.

En el arte como en la vida, hay ocasiones en las que los hechos suceden porque sí, porque nos apetece, porque somos libres de experimentar lo nuevo y crear vínculos, o no, fuera de los estándares establecidos. ¿Para qué imponer un hilo conductor entre la obra de dos fotógrafos tan distantes en su concepción de la fotografía? ¿Acaso es necesario justificar un por qué? ¿Y por qué no un “Por qué no”?

Si John Berger puede reunir en un mismo capítulo a Walt Disney y Francis Bacon y crear correspondencias entre ellos ¿Por qué no juntar a Axelle Fossier y Ernesto Arroyo en una misma sala y abrir la posibilidad al espectador de intuir sus propios vínculos entre las obras? Eso sí, en esta ocasión, solo él tiene la decisión de actuar, o no, como fuerza capaz de unir dos imanes en los extremos de un mismo espacio.

Por Nerea Ubieto