Sobre la Exposición

Ambos artistas comparten una singular  y lúcida manera de observar el mundo a través de sus objetivos, obteniendo fotografías desbordantes de misterio, belleza y oscuro simbolismo. Un retrato, un paisaje o la excepcionalidad de un instante conforman muchas de las imágenes que Plachy y Castro Prieto han ido plasmando en sus negativos.  Nos encontramos ante una enigmática visión de la realidad, una exposición cargada de intimidad para la que, tanto una como otro, han utilizado la gelatina de plata, el soporte fotográfico más noble, capaz en su delicada  imperfección de fascinarnos y emocionarnos.

Sylvia Plachy (Hungría, EE.UU), amiga y discípula de André Kertész,  nos muestra con agudeza y talento innato esos momentos decisivos y surrealistas que parecen ocurrir con naturalidad ante su cámara, escenas cotidianas que nos permiten intuir algo extraordinario, algo más allá de lo aparente. Su obra está marcada por una búsqueda constante de códigos y señales entre el mundo visible e  invisible, cruces de caminos que generan conexiones fantasmales,  dramáticas y  sombrías unas veces, pintorescas y divertidas, otras, pero siempre sorprendentes y evocadoras. Richard Avedon decía de ella que, desde The Americans de Robert Frank, no había visto una obra tan variada y con tanta fuerza. “Me hace reír y me rompe el corazón. Es moral. Es todo lo que un fotógrafo debería ser”. Y André Kertész, que nunca había visto a nadie que captara el momento y lo plasmara en el negativo con más intimidad y humanidad: “fotográficamente, es lo máximo”.

Castro Prieto (Madrid, 1958), en su proyecto Extraños, que materializó en el libro homónimo en 2003,  no es ajeno a tan mágica visión de la realidad. En la exposición que ahora presentamos nos muestra una selección de imágenes “extrañas” en las que explora los límites de la fotografía, jugando con la luz, pasando sin pausa aparente de un desnudo libre de convenciones a un espectral paisaje cuajado de símbolos y signos. Es un cuerpo de trabajo inquietante e inspirador, que explora la memoria desde las huellas latentes que habitan sus espacios personales y familiares, el sexo y la muerte, coexistiendo en algunas de sus imágenes como una dualidad que evidencia un cierto fatalismo en su relación con la vida y, simultáneamente, una reivindicación lúdica de la existencia.

Esta exposición, que reúne a dos de los autores más interesantes de sus respectivos países, no deja indiferente al espectador, que, seducido por el enigma que parece subyacer tras cada una de las obras, se cuestiona los significados ocultos del particular universo iconográfico de estos dos grandes maestros de la fotografía,  muy diferentes entre sí, pero sin embargo alentados por un soplo de inspiración que parece provenir de una fuente cercana y única.