Sobre la exposición “Badri Lomsianidze”

 

TEXTO CURATORIAL “BADRI LOMSIANIDZE”:

En las obras de Badri Lomsiandize  se percibe un profundo equilibrio entre el expresionismo y la pureza de las formas clásicas.  El perfil renacentista de un rostro de mujer o la representación de un bodegón tradicional conviven con el trazo impulsivo y enérgico que impregna toda su producción. Son piezas únicas, experimentales, espontáneas, siempre bellas. El placer visual y sensorial es una premisa para el artista, que ha ido evolucionando hacia formas y materiales de trabajo cada vez más armoniosos: la incorporación de transparencias, mayor suavidad en la paleta de colores y, sobre todo, presencia destacada de tejidos y diferentes soportes que aportan realismo, tridimensionalidad y textura a las obras,  estimulando la creatividad artística hacia vías de comunicación alegóricas de especial sutileza.

Se dice que somos transparentes cuando dejamos ver a través, cuando las capas que conforman nuestra esencia matérica y espiritual son permeables y permiten adivinar aquello que hay detrás, en el fondo, en el alma. Las obras de Badri Lomsianidze son así, invitan al espectador a ir adentrándose poco a poco en un mundo muy personal hasta llegar a su verdad escondida. Sin embargo, el camino no es fácil: para acceder a ellas, antes hay que ir destapando los velos que las revisten y engalanan. El autor materializa este proceso de “descubrimiento” a través de la superposición de imágenes fotográficas y elementos  que conviven con naturalidad en una misma obra.

En la exposición actual encontramos algunas constantes del imaginario de Badri Lomsianidze.  La historia y la cultura son dos ejes centrales de su obra, cuyo peso se evidencia a través de múltiples referencias directas e indirectas a su país de origen como podemos ver en “La espera”, “Memoria” o la serie “Mosaico”. La figura humana y, en especial, el rostro, son también elementos recurrentes en las creaciones del artista georgiano, dotadas de gran capacidad para generar inquietudes e interrogantes en el espectador. Así pues, descubrimos piezas como “Tarkovski I, II y III”, en las que el retrato se convierte en principal protagonista.

El trabajo de Badri Lomsianidze se caracteriza por su pluralidad semántica y técnica, libre de restricciones. Cualquier recurso, medio o material es válido para generar obras bellas con un estilo propio que bien podría definirse como “expresionismo simbólico”. El artista, dejándose

llevar por la pasión y la intuición estética, utiliza imágenes de su repertorio personal a modo de pinceladas para componer lienzos en los que emerge su estado de ánimo y su personalidad. El conocimiento de estos símbolos y de sus significados escondidos permite al espectador ir

descubriendo cada obra mirando a través de ellos y reconociendo el universo del autor.

Nerea Ubieto, 2012