Sobre la exposición

Vintages - Nicolás Muller

El azar no siempre es fortuito, en Nicolás Muller es una consecuencia del reflejo de la realidad rescatado por su objetivo, un reflejo que capta, a través del robo al tiempo de milésimas de segundo, instantes mágicos en los que el fotógrafo fija su mirada para dar testimonio de la verdad fotográfica que conforma su fundamento expresivo. Compromiso con la actualidad de su tiempo, con sus habitantes y con el paisaje por el que transita la vida cotidiana. Una curiosidad infinita, una gran dosis de agudeza visual y mucha osadía guían su cámara  en una dirección estética  a la cual se ha ceñido con fidelidad notarial.

En esta exposición se muestra una selección de sus vintages, imágenes exquisitas y certeras que reflejan el complejo movimiento de la vida del siglo XX, una época que marcó su vida y su imponente trabajo.

Plata de ley

“Dícese de la aleación de plata que corresponde a plata de 925 milésimas (7,5% de cobre electrolítico). Esta plata es la más adecuada para trabajar por sus características de dureza, fiabilidad, ductilidad y belleza”

En esta exposición encontramos una amalgama de componentes (autores) que conforman una aleación útil de trabajo: plata de ley.

La muestra se vertebra en torno a una característica común: la apariencia “real”. La mirada del autor necesita expresar su representación de la naturaleza y lo que ocurre en ella: la mimesis, que impronta la violenta necesidad de muestra, de imitación, de representación, de aprendizaje…

Sin embargo, nunca hay una mirada “pura” (dicha mirada es imposible), y  por lo tanto, no existe una relación lógica entre el parecido de la realidad y los códigos empleados para su representación.

Esto nos lleva necesariamente a otro concepto: la diégesis. El autor expresa con un lenguaje propio, de forma directa, libre y creativa sus fantasías y sueños; su “forma de ver”; su narración de los hechos conocidos, vividos, vistos o imaginados.

Los autores que aquí exponen son variopintos, y con historias personales, edades y vivencias muy distintas. Pese a estas diferencias, sus procesos miméticos y diegéticos confluyen en una ruta común: la ruta de la plata. La gelatina de plata, que exige un conocimiento profundo del proceso y del alma de la fotografía. La plata de ley exige ser trabajada con mimo, con calma, con conocimiento, con esmero…así puede ofrecernos joyas de una expresión, una belleza y una duración incomparables.

Otra característica que comparten los autores es que son “emergentes” (es decir, poco conocidos). Para emerger no tienen prisa. Saben que la plata no tolera la prisa.

El espectador dispuesto paladeará lentamente cada obra. Apreciará la sutileza del proceso; los matices, la belleza estética. Mirará cada foto de lejos, de cerca, a media distancia (las tres miradas de una fotografía), y seguramente no reflexionará sobre la mimesis y la diégesis, pero sí se extasiará apreciando la riqueza de la plata de ley.

Juan Carlos Vázquez, el más veterano de los cuatro artistas, dice que no es fotógrafo; que lleva implantada una cámara en la cabeza desde hace décadas, y que de vez en cuando algo le interesa como para realizar tomas fotográficas. Una disculpa para poder expresar su incertidumbre y disfrutar en el laboratorio moldeando la plata.

Rubén Morales, un obsesivo esteta perfeccionista, nos transporta a “Der Wald”, bosque de la Alemania del norte por el que Rubén transita rescatando recuerdos imaginarios, sensaciones perdidas, fantasías infantiles…

Andrea Sánchez-Elía es la más joven, pero con mucho talento. Está conociendo el mundo desde su Leica y lo está enseñando bien. En Plata de ley ha colgado unas cuantas imágenes de sus recientes viajes a la India y a Camboya, sugerentes y plenas de exotismo, que reflejan a la perfección esos momentos de calma y cotidianeidad que interrumpen de cuando en cuando el trepidante ajetreo de tan contradictorios países.

Y Flore, de nacionalidad franco-española, que persigue sueños ocultos tras la realidad, logrando que el pasado nos hable envuelto en las sombras y reflejos del presente.  Ante su objetivo, el tiempo se desliza con lentitud. De su cuerpo a cuerpo con el mundo extrae instantes mágicos: una silueta atemporal que se pierde en un callejón en calma, el reflejo de la  luz en el desierto….

Desde antiguo se ha intentado explicar el comportamiento de la naturaleza a través de los elementos: agua, tierra, aire, fuego. En oriente hay  uno más: éter (vacío, alma.. )

En las imágenes que nos ofrecen Andrea, Rubén, Flore y Juan Carlos  intuimos la dualidad mimesis-diégesis, pero también la búsqueda de cada elemento, y sobre todo de la expresión  éter-alma, mediante un elemento de lenguaje puro y veraz: la plata.

Juan Carlos Vázquez, septiembre 2014