Polar Heir. Han Sungpil

 

   
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La memoria helada

Un velero que se aproxima victorioso a una costa cubierta por un enorme glaciar. Una imagen de triunfo, casi heroica, a partir de la cual se podrían imaginar multitud de historias acerca de ese navío, de sus tripulantes y de los motivos que les han llevado hasta allí. Múltiples ficciones podrían idearse a partir de esta fotografía, pero la realidad es que se trata de un velero conocido como Antigua que en esta ocasión arribaba a las costas del archipiélago noruego de Svalbard transportando a los artistas residentes del programa Círculo Ártico, Han Sungpil entre ellos.

Al imaginar territorios como este, próximos al Polo Norte o al Polo Sur, se suele pensar en una naturaleza inmaculada, de icebergs y paisajes cubiertos por nieve blanca habitados por osos polares, focas y pingüinos y en los que apenas existen signos de presencia humana o en los que hay una total ausencia de ella.

Cuando Han viajó por primera vez al Ártico descubrió, sin embargo, que en aquellas regiones se escondían también otras historias apenas conocidas. Quedó impresionado por el gran contraste existente entre la antiquísima historia natural de aquellos lugares y la reciente huella dejada por los exploradores e investigadores que llegaron allí. Se interesó ante todo por el reflejo del paso del tiempo en las zonas polares, donde encontró las trazas de una memoria estratificada que parecía haber sido parcialmente cubierta con el tiempo, como los restos de la construcción de madera que parece desvanecerse en el centro de una de sus composiciones, entre una gran franja de tierra y otra de nieve.

Esta fotografía de la Isla Decepción habla de esas impopulares historias polares, de las estaciones balleneras que durante años han causado estragos en las aguas del Antártico y el Ártico; como las imágenes que capturó en Svalbard muestran las minas de carbón abandonadas que durante mucho tiempo fueron motivo de conflicto entre distintas potencias mundiales.

Bajo la superficie de instantáneas como estas ha quedado contenida la memoria de aquellos lugares, las historias que se han ido sucediendo en el tiempo igual que las capas de nieve se acumulan dando lugar a los grandes glaciares, protagonistas del imaginario polar y testimonio latente del paso del tiempo.

Al analizar la trayectoria de Han Sungpil puede comprobarse cómo la memoria ha jugado un papel fundamental en la mayor parte de su trabajo, desde sus célebres Façades hasta los proyectos presentes en esta exposición, pasando por su serie Memory and Traces, en cuyas fotografías de la ciudad de Seúl pueden encontrarse algunas de las claves para entender el porqué de su interés por este tema. Corea y sobre todo su capital mantienen una compleja relación con su propia memoria, una situación provocada en gran medida por acontecimientos recientes como la colonización japonesa, la guerra civil que provocó la división de la península en Corea del Norte y Corea del Sur y la influyente presencia americana que vino después y que se ha mantenido hasta nuestros días. Esto se ve reflejado en la gran mixtura que comprende el urbanismo de Seúl, en la mezcla de estilos arquitectónicos que pueden diferenciarse con cierta facilidad según la época en la que fueron construidos y que constituyen así un testimonio de su memoria.

En el caso de los Polos, según el autor, se trata de una memoria tricolor, una memoria compuesta por el blanco de sus milenarios parajes nevados, el rojo de la sangre derramada por la pesca ballenera, y el negro de las minas de carbón y del codiciado petróleo. Resulta paradójico que el mismo lugar del que durante décadas se han extraído estos recursos naturales necesarios para el desarrollo industrial, ese oro negro que hoy en día es uno de los mayores causantes de la contaminación de nuestras ciudades, sea también el hogar del Banco Mundial de Semillas, también conocido como la “Bóveda del fin del mundo”.

El mensaje de Han no es, por el contrario, pesimista ni mucho menos apocalíptico. A través de estos trabajos informa al espectador de cosas que han sucedido y de otras que siguen ocurriendo, haciéndole partícipe de esas realidades e invitándole a reflexionar sobre ellas, pues su propósito es concienciar sobre aquello que ocurre allá de donde no recibimos la suficiente información y transmitir lo que él ha podido experimentar en primera persona, cumpliendo así con uno de los roles fundamentales de la fotografía a lo largo de su existencia.

Si se conoce a Han Sungpil no debería resultar difícil encontrar en estas fotografías una cierta esperanza. Una mirada hacia el futuro a partir de una concienciación sobre el pasado y el presente, que busca la implicación de todos, consciente de que una de las armas más poderosas de los artistas es precisamente su capacidad para despertar inquietudes, para remover conciencias y provocar reacciones, en busca de las medidas necesarias para lograr un mundo mejor. Quizás así, gracias a estos cambios, pueda ser añadido un cuarto color a la historia de los Polos: el azul de los icebergs a salvo del deshielo, del aire y del mar libres de contaminación.

 

Esperanza Pino

Mayo 2017

Sobre Han Sungpil

Han Sungpil (Seúl, 1972)

La práctica artística de Han Sungpil se centra principalmente en la fotografía, el video y la instalación, por medio de los cuales aborda temas como el medio ambiente, la memoria o las relaciones entre la realidad y la representación.

A través de su trabajo busca comprender la diversidad, explorando la naturaleza e interpretando aquellos mundos comunes que han sido su fuente de inspiración. Este proceso de investigación filosófica y representación artística a menudo esconde un sutil sentido del humor, incorporando elementos sublimes de belleza, objetos y conceptos que se consideran dignos de estudio en el marco de un seminario o un contexto similar. Dispuestos en el espacio expositivo, sus trabajos invitan al espectador a reflexionar sobre diversos planteamientos filosóficos, incluyendo entre los más cruciales el cómo podemos diseñar la síntesis ideal de la post-contemporaneidad.

Sus obras han sido expuestas por todo el mundo, incluyendo el National Museum of Modern and Contemporary Art (Seúll y Gwacheon), el Seoul Museum of Photography o la Biblioteca Nacional (Seúl), todos ellos en Corea, así como en el Museum of Fine Arts de Houston (EEUU), el Chateau de Chaumont (Loira, Francia), la Abbaye Royale de Saint-Riquier (Somme, Francia), el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina), el Museum of Contemporary Art de Shanghai (China), el Fotografie Forum Frankfurt (Alemania), y los museos japoneses Tokyo Metropolitan Museum of Photography y Kiyosato Museum of Photographic Arts. También ha participado en la Trienal de Yokohama (Japón) y en la Bienal de la Habana (Cuba).

Han se licenció en fotografía por la Universidad Chung-Ang de Seúl y realizó un máster en Comisariado de Diseño Contemporáneo coorganizado por la Kingston University y el Design Museum de Londres. Actualmente, como artista nómada, trabaja en algún lugar de la Tierra, descubriendo o redescubriendo aquello que nos es desconocido o incomprendido.