Pablo Boneu

Pablo Boneu

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No es fácil separar la obra de Pablo Boneu (1969) de su propia vida. En ese sentido es un artista que utiliza distintos géneros y medios expresivos, y que no se limita a exponer sus productos acabados, sino que se cuestiona a si mismo de manera constante. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de los artistas de vanguardia, su intención por el proceso de creación, como experiencia vital, se une íntimamente a la obsesión por presentar un producto acabado, coherente en su realización.

De modo que en su obra se conjugan dos impulsos críticos: por un lado, a la idea de producción como repetición serial de un mismo objeto y, por el otro, a la idea tradicional de obra de arte como fetiche artesanal. La tensión así originada por esa doble crítica es visible en todas sus producciones, y configura lo que podría llamarse, más que un estilo, un mundo Boneu, una manera propia de hacer arte y de ser artista.

A mediados de los 90, paralelamente a una intensa actividad de guerrilla gráfica en vía pública, Boneu comienza a exponer sus trabajo intermitentemente en museos y galerías de arte; desde el Centro Cultural Recoleta y la Agencia Española de Cooperación Iberoamericana, en Argentina, hasta el Centro de la Imagen y la Galería Hilario Galguera, en México.

Más que filmar, fotografiar, dibujar o escribir, Boneu inventa estructuras. Una clase muy particular de estructuras, que son a la vez cerradas y abiertas. Cerradas porque tienen una coherencia interna rigurosa y abiertas porque pueden proliferar indefinidamente.

No sería excesivo afirmar que las obras de Boneu están regidas por la aspiración de no terminar nunca, de mezclarse y asimilarse a las cosas, para transformarse con ellas en otro mundo, todavía desconocido.