Exposición “L’ombra del paisatge”. Manel Esclusa

Inauguración: 10 de Diciembre de 2008

L’ombra del paisatge

Manel Esclusa explora las luces y las sombras que habitan en ellas. Unas sombras que hablan de la incertidumbre, de ese medio miedo -que no tiene porque estar relacionado con los escondites del Mal- generado ante los peligros invisibles. Las fotografías son, en consecuencia, la imagen visual de sensaciones universales y de pensamientos humanos. Esclusa busca las claves perdidas, las umbrías que el gran fanal no ilumina, pero que el fotógrafo encuentra con algunos simulacros. Reflexión es investigación e investigación es generosidad. Lejos de implicaciones egoístas o de goce exhibicionista, Esclusa quiere encarar conceptos universales, en principio antagónicos pero complementarios en definitiva: la permanencia y la mutación, el yo y el mundo, la luz y la penumbra, la ciencia y la poesía.

Manel Esclusa. Vic (Barcelona) 1952.

Textos

Manel Esclusa, uno de los creadores españoles con un universo iconográfico más personal y reconocible, presenta una serie inédita en España en la que convergen algunos de los elementos nucleares de su relación con la fotografía. Son pequeñas imágenes minimalistas “instaladas” en medio del paisaje. Mas que de una captura, se trata de una acción, que requiere del silencio como referencia seminal de su proceso de creación; un silencio que funciona como vehículo para activar la introspección. En el fondo muchas de sus series han surgido como resultado de un proceso de profunda interacción con el escenario donde fotografía. La presencia de las sombra/siluetas en su obra se hace explícita en la serie Sil-lepsis que realizara en Barcelona a comienzos de los años 80. En ella las sombras funcionan en un plano dual: como rastro y como sublimación bidimensional de personas o elementos que, reducidos a esa huella minimalista, refuerzan su potencial simbólico. Por otro lado, la interacción con los escenarios tiene su principal referente en la serie Naus que desarrolla – a lo largo de seis meses- en el Puerto de Barcelona. Pero quizá la acción que más se aproxima al espíritu de esta colección de fotografías es la realizada en 1990 en la Fundación Joan Miró –también en Barcelona- donde fijó papel sensible sin exponer en las paredes e iluminó la sala sólo con las bombillas rojas que se usan en los laboratorios fotográficos; situó a los espectadores frente al papel y encendió los 15.000 vatios de luz que previamente había emplazado detrás del público. La proyección de sus sombras sobre el papel fue hecha visible por el propio Esclusa, quien provisto de una esponja empapada en revelador, hacía emerger el rastro bidimensional de sus presencias.

En la serie que ahora se presenta, Esclusa deja que la naturaleza se dibuje a si misma, como escribió Talbot en su libro inaugural The Pencil of Nature. En ese contexto podría decirse que estás imágenes surgen como metáfora del gesto inaugural de la fotografía: el fotograma. Son menciones a los primeros trazos inscritos en papel sensible a la luz y, a la vez, son fotografías que se convierten en huellas expandidas hacia la poesía, sublimaciones de una potestad inherente a la fotografía: hacer visible lo no visible. Manel Esclusa regresa a la naturaleza con esta serie y regresa a las esencias primigenias de la fotografía. Un ejercicio de reafirmación que Henry Matisse definió como “la osadía de volver a la pureza de los medios”.

Alejandro Castellote

Noviembre, 2008.