Exposicion “Latidos”. Cecilia Paredes y Luis González Palma

Inauguración:  15 de Septiembre de 2011

Latidos

El latido es un susurro que emerge desde el interior. Escuchar lo que late dentro de nosotros significa atender a las necesidades anímicas menos racionales, a las pulsiones profundas que nos definen como hombres y como individuos.

Asimismo, escuchar simbólicamente el latido de las cosas o de la naturaleza supone ver más allá de sus apariencias, desvelar su razón de ser, aquello que es esencial pero nunca evidente.

El trabajo de Luis González Palma es el reflejo de su incesante mirada hacia el interior. Mediante un exhaustivo proceso de introspección, el artista rescata sus memorias y da forma a sus reflexiones para crear su particular cartografía personal, ofrecida al espectador a través de retratos y escenografías. Cecilia Paredes, sin embargo, realiza una dilatada búsqueda más allá del epicentro humano, principalmente en la naturaleza, para elaborar un mapa de sí misma en el que todos los elementos adquiridos del exterior laten al unísono.

Esta exposición forma parte de APERTURA 2011(organiza ArteMadrid)

Textos

El latido es un susurro que emerge desde el interior. Escuchar lo que late dentro de nosotros significa atender a las necesidades anímicas menos racionales, a las pulsiones profundas que nos definen como hombres y como individuos. Asimismo, escuchar simbólicamente el latido de las cosas o de la naturaleza supone ver más allá de sus apariencias, desvelar su razón de ser, aquello que es esencial pero nunca evidente.

El trabajo de Luis González Palma es el reflejo de su incesante mirada hacia el interior. Mediante un exhaustivo proceso de introspección, el artista rescata sus memorias y da forma a sus reflexiones para crear su particular cartografía personal, ofrecida al espectador a través de retratos y escenografías. Cecilia Paredes, sin embargo, realiza una dilatada búsqueda más allá del epicentro humano, principalmente en la naturaleza, para elaborar un mapa de si misma en el que todos los elementos adquiridos del exterior laten al unísono. En la primera época de Luis González Palma su búsqueda se centra en la representación de la condición humana despojada de todo condicionamiento social, cultural o político. Para ello, realiza una serie de retratos frontales de personas guatemaltecas en cuyas miradas, desprovistas de todo artificio, puede volcar la suya propia.

“(…) el rostro funcionaba como espejo en el cual me miraba, me interrogaba y buscaba sentido. En esos retratos, la fuerza de la mirada radica en el poder que tiene para invertir la mía propia y cobra su valor más intenso si logra también invertir la del espectador con la misma fuerza e impulso con que se presenta ante él. Para el observador, descubrirse allí, en esa mirada interna, silenciosa, acompañada por ese rostro que inmóvil lo observa, es tomar conciencia de que compartimos un destino común.”

Las obras en las que está trabajando más recientemente y que corresponden con la selección de la muestra, forman parte de “Escenas”, una continuación de las serie de fotografías “Jerarquías de intimidad” donde el artista vuelve a penetrar en su interior, en esta ocasión para desenterrar sus experiencias psicológicas más significativas.

“Un ensayo de imágenes cargadas de misterio y tensión que presentan un drama detenido e inquietante, en el que cada foto actúa como un instante de sueño alargado, y en el que figuras atemporales son como heridas de la memoria.”

En estas fotografías se respira el más puro subconsciente de González Palma gracias a escenas que vinculan los estados del alma con la imaginación y el recuerdo. En ellas no leemos secuencias lógicas ni significados evidentes. Sin embargo, somos capaces de reconocernos inmediatamente porque responden a esas mismas pulsiones, latidos, que todos intuimos pero no podemos ver.

“Estos proyectos, los más recientes, los he concebido con el deseo de que la imagen contenga,  y de alguna forma recalque y exprese, lo invisible.” Las obras de Cecilia Paredes nacen de su especial capacidad de adaptación y escucha en relación a todo lo que le rodea. Su cultura y la naturaleza, en el más amplio sentido de la palabra, son dos de los focos centrales en torno a los cuales se articula su producción artística; sin embargo, sus intereses exceden estos límites, recolectando e incorporando íntegramente a su identidad las enseñanzas de los lugares que va descubriendo en el camino.

“Asocio el hecho de romper el círculo con romper con lo que se espera de uno y en lugar de ello, avanzar con curiosidad. Esto puede ser liberador e incluso puede crear un nuevo espacio en sí mismo, nuevas posibilidades y nuevas interpretaciones.” Tal es su talento para la apropiación de realidades externas a ella, que en ocasiones ni siquiera podemos distinguir a Paredes escondida tras su nueva personalidad. Es como si pudiese absorber directamente la savia de las cosas y ésta le transfiriese el poder de adoptar cualquiera de sus formas.

Como apunta la curadora Rosina Cazali; “(…) se trata de piezas donde claramente los objetos atesorados se humanizan  a través de la representación de sí misma, al tiempo que se abandona a la contemplación de la naturaleza. Su cuerpo sufre una serie de cambios como un acto de constricción, donde los lindes entre la naturaleza y su propio yo desaparecen.”

Las fotografías de la exposición,  pertenecientes a dos series diferentes, “Animal de mi tiempo” y “Sueños fugitivos”, nos hacen partícipes de la metamorfosis de la artista a partir de la acción performática previa. En la primera, Paredes entra en perfecta comunión con la naturaleza y se transforma en diversos animales de los que ha aprehendido no solo su apariencia, sino también su espiritualidad. Por otro lado, en “Sueños fugitivos”, la artista se convierte en parte de diseños florales pintados en la pared. La mímesis es completa y la huella antropomorfa prácticamente desaparece,  aunque entre la uniformidad de los motivos podemos intuir un latido que emerge con fuerza: es Cecilia Paredes, una presencia invisible dentro de su obra, pero también lo único constante y esencial.

Nerea Ubieto