La mirada del coleccionista. Colección Joaquim Paiva

Comisaria: Banca Berlín

Exposición en Centro de Arte Conde Duque. Sala Bóvedas. (12/02/2008)

Fotografía contemporánea brasileña de la colección Joaquim Paiva. La Mirada del Coleccionista reúne un conjunto de sesenta y siete fotografías pertenecientes a treinta y cinco autores brasileños contemporáneos. De las más de dos mil doscientas imágenes que integran la Colección Joaquim Paiva de Fotografía Brasileña Contemporánea, la selección se ha realizado entre las mil cien copias depositadas en préstamo por comodato en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro.

Texto curatorial

‘Tengo confianza en mi ojo’. Buena virtud para un coleccionista. Quien dice ésto es Joaquim Paiva, brasileño que ha reunido en treinta años una de las mejores colecciones de fotografía contemporánea de su país. Y en seguida añade: ‘El arte es algo que el hombre tiene que hacer con libertad. El arte puede ser desestabilizador, porque en la medida en que el artista saca al exterior lo que siente, está contestando, cuestionando’.

La Mirada del Coleccionista reúne un conjunto de sesenta y siete fotografías pertenecientes a treinta y cinco autores brasileños contemporáneos. De las más de dos mil doscientas imágenes que integran la Colección Joaquim Paiva de fotografía brasileña contemporánea, la selección se ha realizado entre las mil cien copias depositadas en préstamo por comodato en el Museu de Arte Moderna do Río de Janeiro. Es, por tanto, una muestra limitada, subjetiva y singular (como lo es toda colección) en la que el coleccionista desvela sin complejos un criterio de selección intuitivo y personal guiado más por la fuerza intrínseca de las imágenes y su vínculo con la visualidad contemporánea, plural y ecléctica, que por la belleza que las propias instantáneas puedan expresar. En la Colección Joaquim Paiva no existe una línea temática o formal definida, si bien abundan las atmósferas osadas, las técnicas atrevidas, la transgresión artística, sobre todo en las imágenes captadas por los fotógrafos de las décadas setenta y ochenta del siglo XX, más vinculados con el arte contemporáneo que la generación inmediatamente anterior seguidora de las tendencias documentalistas predominantes entonces en la fotografía brasileña. También está también ampliamente representado en la colección el modernismo fotográfico de los años cuarenta y cincuenta. Joaquim Paiva inició su colección de fotografía con la adquisición en 1978 de tres obras de Miguel Rio Branco, y con el tiempo la ha convertido en una de las más importantes de Latinoamérica en su género. El joven coleccionista se sintió atraído por el colorido vibrante con el que el fotógrafo, ya por entonces reconocido, recreaba la realidad social de su país en una época en que la fotografía brasileña era invariablemente vinculada al fotoperiodismo en blanco y negro. A partir de esa primera adquisición, Paiva convirtió el coleccionismo en una actividad indisociable de su vida, imbuido por el convencimiento de que en Brasil existía una producción fotográfica de autor vigorosamente creativa, experimental y artística, que trascendía el mero marco de la fotografía de reportaje. En cierta forma, asumió el compromiso vital de dar a conocer el trabajo de los fotógrafos brasileños más allá de las fronteras de su país.

Para Paiva, fotógrafo él mismo y poseedor también de una importante colección de fotografía internacional, básicamente latina y norteamericana, coleccionar arte es hacerlo con la convicción de que el coleccionista debe ejercer su tarea con placer, sin dejarse influir en exceso por las imposiciones y modismos del mercado del arte, asumiendo la función social de captar las tendencias, variedad de producción y riqueza artística de una época. Su función es, también, la de ejercer de nexo entre generaciones y tiene la obligación ética de asentar sus elecciones sobre criterios de calidad que legitimen su gusto personal como algo que esté más allá del mero capricho. En sus propias palabras, “la gran tarea del coleccionista consiste en incrementar su colección, conservarla y darla a conocer. Reflejar con ella el mundo a través de la visión particular y de la poética de cada autor, así como de la manera de ver del coleccionista mismo.” Según Paiva, el papel que desempeñan los coleccionistas comprometidos es una realidad, ya que influencian el modo en que el público ve y aprecia el arte, la fotografía. Su elección contribuye a certificar el trabajo del artista, a promocionarlo y, por lo tanto, interfiere en el mercado del arte apuntando hacia determinadas direcciones.

En La Mirada del Coleccionista nos reencontramos con artistas con los que el público español ya está familiarizado, como Sebastião Salgado, de quien se muestran imágenes tempranas apenas conocidas. Como Cláudio Edinger, satírico y transgresor, o Cássio Vasconcellos, que aporta su sugerente visión de la vida urbana. De Rosângela Rennó contemplamos dos composiciones cargadas de misterio que contrastan con el saturado color de las instantáneas de Miguel Rio Branco.

La muestra incluye artistas nacidos en otros países pero afincados en Brasil, como Thomas Farkas, uno de los grandes nombres del modernismo fotográfico brasileño, o la suiza Claudia Andujar, autora de una serie impresionante sobre los indios yanomami en la que ha volcado gran parte de su vida profesional. Imprescindible era la presencia del etnólogo francés Pierre Verger, maestro del documentalismo brasileño, del que otros fotógrafos, Mario Cravo Neto es un ejemplo, se consideran discípulos.

No se puede terminar estas líneas sin reseñar la riqueza cromática presente en las obras de Antonio Sagesse o Jair Lanes, la plasticidad matérica de Orlando Azevedo, o la precisión compositiva de Cristiano Mascaro, Rinaldo Morelli y Leopoldo Plentz. Valdir Cruz nos sitúa ante dos retratos sin concesiones y André Dusek, en las minas de oro de Sierra Pelada que fotografió años antes que su compatriota Salgado. Junto a Paulo Gil, Amorim, Guimarães y el resto de grandes fotógrafos que forman esta selección, resalta la conmovedora simplicidad de las escenas cotidianas de Luis Humberto, la turbadora creatividad de Kenji Ota o Milton Montenegro y la ternura de esa fotografía maravillosa de Rogério Reis que ha servido de imagen para esta exposición. Todos ellos forman un conjunto de generaciones e inquietudes creativas del Brasil artístico más heterogéneo y diverso.

Blanca Berlín