Exposición. “Viaje al centro de la niebla”. Jaime Compairè

Inauguración: 12 de Noviembre de 2009

Viaje al centro de la niebla

Hay autopistas, autovías, carreteras nacionales (red principal y secundaria) caminos vecinales, pistas forestales, cañadas, senderos, trochas, y veredas. Hay caminos cortados. Caminos prohibidos. Caminos que dan mucho rodeo y caminos que conducen a ninguna parte. Algunos caminos llevan a Roma (no todos, por mucho que lo que diga el Papa vaya a misa) y otros, por ejemplo, a un motel de carretera con el letrero de neón medio fundido. Hay caminos pintados de blanco y alguno pintado de amarillo como el del Mago de Oz. Conozco el largo y tortuoso camino de Lennon y McCartney, un sólo camino que lleva al final de la tierra, y muchos que se empeñan en dirigirse al norte aunque exista el Sur y ahí estés tú.

Y luego, ciertos descreídos de mi estilo (faltos de sueños y hartos de hacer cola en el mostrador del check-in) elegimos las noches para estrellarnos por un camino que arranca en la terminal de tu propio hipotálamo y te lleva directo al centro de la niebla (no lo busques en la guía Campsa). Justo aquí es donde me he cruzado con unos cuantos de estos viajeros desnortados (ahora, colgados en las paredes de la galería de Blanca parecen más colgados todavía) que más que viajeros deben ser viajantes, a juzgar por su equipaje excesivo. Somos tan ingenuos que tendemos a sentirnos inmortales (o por lo menos, de larga duración como los parados) y, en lugar de conformarnos con lo puesto, reventamos la maleta por si el viaje se alarga hasta el infinito y más allá. Como si no supiéramos  que la vida es un camino sin vuelta. Que no se rebobina. Que sólo tiene play  y off. No retorno.

Jaime Compairé. Noviembre 2009