Women & Women

Comisaria: Blanca Berlín

Sedes itinerancia

Embajada de España, Washington. EE.UU. (1/11/2009 – 30/06/2010)

Instituto Cervantes, Chicago. EE.UU. (4/11/2010 – 15/01/2011)

Instituto Cervantes, Albuquerque. EE.UU. (1/02/2011 – 30/04/2011)

Instituto Cervantes, Nápoles. Italia. (5/03/2015 – 23/04/2015)

Instituto Cervantes, Palermo. Italia. (28/05/2015 – 17/07/2015)

Instituto Cervantes, Roma. Italia. (8/09/2015 – 18/10/2015)

Instituto Cervantes, Tetuán. Marruecos. (11/02/2016 – 5/03/2016)

Instituto Cervantes, Rabat. Marruecos. (10/03/2016 – 30/03/2016)

Instituto Cervantes, Fez. Marruecos.(5/04/2016 – 30/04/2016)

Instituto Cervantes, Casablanca. Marruecos. (5/05/2016 – 30/05/2016)

Instituto Cervantes, Tánger. Marruecos. (2/06/2016 – 21/06/2016)

Texto curatorial

Women & Women

 ¿Qué meditas tan profundamente? La mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, tiene que ser tu alma.

Johann Scheffler

Women & Women fue concebida con el propósito inicial de ser expuesta en la Embajada de España en Washington durante el semestre en que nuestro país ostentó la presidencia de la Unión Europea en 2010. El encargo incidía en que debía tratarse de una muestra de fotografías del más alto nivel, que, además, ofreciera la imagen de un país avanzado, moderno y culturalmente vanguardista. Como comisaria, gocé de entera libertad en cuanto a la elección de los artistas y la temática de la exposición, que habría de itinerar, después, por Estados Unidos, Europa y quizá algún otro continente.

Mi intención no fue generar un discurso reflexivo acerca de la identidad de género. Elegí a cinco autoras porque, en mi opinión, la mejor fotografía española contemporánea era, en gran medida, fruto del trabajo de mujeres. Y lo sigue siendo. Me confieso reticente al uso de etiquetas y creo que las obras se pueden catalogar como arte si cumplen los parámetros de calidad, creatividad y fuerza expresiva que se le suponen al hecho artístico, independientemente de si han sido realizadas por hombres o por mujeres, por gente guapa o por gente fea, por jóvenes o por ancianos…. Reuní, pues, a estas cinco creadoras bajo el argumento de la indiscutible calidad e innovación de su trabajo y por su reconocimiento internacional.

Indagando en su obra intuí un posible contexto para mi propuesta expositiva: ya que todas eran mujeres -mujeres fotógrafas, mujeres artistas, mujeres comprometidas con su tiempo, mujeres apasionadas por su trabajo- qué mejor que mujeres detrás de la cámara mirando a mujeres situadas delante: mujeres y mujeres. Y como el destinatario inicial era el público norteamericano  opté por la traducción inglesa. Las cinco artistas seleccionadas abundan en el tema, aunque desde perspectivas y enfoques bien distintos:

Isabel Muñoz, coherente con su personalísimo universo creativo,  indaga en las fascinantes formas del cuerpo femenino, en su gestualidad,  en las sensuales  texturas de la piel….Quien no conozca bien su obra, podría sentir la tentación de situar a Isabel entre los artistas que se afanan en la persecución de la belleza ajenos a cualquier otro estímulo, pero se equivocaría. Para ella, la estética no es una finalidad que se autofagocita, sino que deja traslucir, cuando la ocasión lo requiere, el testimonio de la vida, la realidad de la existencia misma. “Lo cierto es que el cuerpo habla”, dice Isabel “y habla mucho… Intento atrapar el cuerpo porque así atrapas a la persona, sus sentimientos… El cuerpo habla también de su civilización”.

En Women & Women se exponen cuatro imágenes muy diferentes de Muñoz. Dos de ellas están tomadas en 2002 en Etiopía, a orillas del rio Omo, y forman parte de un repertorio de rostros y cuerpos pertenecientes a etnias al borde de la extinción, de pueblos olvidados en los confines del mundo. “Cuanto más se sepa de ellos, más se reflexionará, quizá, sobre la necesidad de respetarlos”. Por este trabajo obtuvo el Premio World Press Photo 2004, galardón que ya había recibido en 2000.

Las otras dos fotos pertenecen a su estudio sobre la danza cubana y hacen patente el perfeccionismo de Isabel,  su sentido de las proporciones, su elegancia natural y su inagotable capacidad de seducción.  Ponen también de manifiesto su tendencia a la fragmentación, a la ocultación de lo obvio, al misterio. Como ella misma puntualiza, prefiere enfriar la realidad para que el espectador llegue a la fascinación por un camino menos directo.

Con el cuerpo como fuente de creación, los autorretratos de Soledad Córdoba parecen brotar de las honduras del subconsciente, evocando una  realidad paradójicamente irreal, premonitoria… Soledad construye escenificaciones que nos sitúan en un espacio incierto entre la realidad y la ficción, como esa mujer ingrávida y frágil que flota  anclada a un grupo de canarios rojos. Su gesto impávido, su  mirada proyectada hacia la lejanía sugieren la visión de algo inalcanzable para los que no compartimos sus arcanos, quizá ese lugar que da nombre a la serie. “Un lugar secreto”, señala la fotógrafa asturiana, “es un viaje a las profundidades del rincón más íntimo donde la realidad se desprende del mundo convirtiéndose en algo perturbador, hermoso e incluso poético. Uno no puede huir de sí mismo y de lo que le rodea pero existen mecanismos casi mágicos que hacen que experimente nuevas realidades”. A este lugar secreto pertenece también el tríptico que completa la propuesta de Soledad, un vómito de mariposas azules que la boca de la artista expulsa en una impactante iconografía visual en torno al anhelo de renacimiento. El simbolismo de la mariposa está fundado en su metamorfosis, desde la crisálida, que contiene la potencialidad del ser, hasta la eclosión de la belleza madura dotada de alas que le permiten volar, libre.

No menos irreal es el rostro escogido por  Beatriz Moreno, andrógino, sin atisbo de sombras ni volúmenes, sin trazas de emotividad. Un rostro apático y desapasionado, tan oscuro e inquietante como la diosa griega que le presta su nombre, Hécate, que en Macbeth era al tiempo bruja, demonio, diosa… Un rostro que alude a la ambigüedad  existencial, al asilamiento del ser humano. De él dice Jesús Cotillas “El rostro se sublima en máscara -máscara significa en griego personalidad-, se oculta, realmente se enmascara, esconde su identidad. La máscara forma parte del ritual que conecta al hombre con sus dioses y también  con lo desconocido. La máscara es el artificio del que se dota lo humano para conjurar lo divino y lo demoníaco, es el crisol con el que, desde los orígenes, se exorcizan los miedos.”  Todo un ejercicio de austeridad formal por parte de la fotógrafa toledana, que prescinde de artificios para situar al personaje en un ámbito de soledad total.

De la  serie “Agua”,  de Gabriela Grech, he seleccionado tres de los ocho autorretratos que la componen y que realizó durante un descenso a pie del río Eo en 1994, uno por cada uno de los días que duró su viaje introspectivo, subtitulados por Gabriela como “Imágenes de una confusión”. En ellas el rostro de Gabriela  aparece y desaparece, superponiéndose a un bosque que solo se intuye, difuminado, a un rio que es también su piel, su cabello, la desnudez de su mirada frontal y expresiva, que nos sitúa frente a sentimientos y emociones teatralizados en una ceremonia de perplejidad  …Para Santiago Olmo, estas secuencias del diario de viaje de Grech “condensan el asombro, el abandono, el despertar o una idea vaga de muerte y de nacimiento, como en una metáfora poética que remite a las atmósferas oníricas de las novelas góticas. Agua, como un espejo vuelto hacia el interior de lo que miran los ojos, el agua fluye y se estanca con los reflejos del bosque”.  La mirada interior y el agua son dos ejes sobre los que pivota el  discurso de carácter existencial de Gabriela. El líquido elemento, como símbolo de aquello que no podemos dominar, de la angustia vital que nos acompaña desde que nacemos.

Y Ouka Leele (seudónimo de Bárbara Allende) que, a través de sus llamativos colores y de una peculiar imaginería personal,  nos transforma en receptores de mensajes psicológicos cargados de simbolismo. Autora-manipuladora (en oposición al autor-productor de John Szarkowski)  para quien la imagen fotográfica no es sino un punto de partida, Bárbara se comporta en su estudio como una hechicera en su cueva, como el alquimista que busca la piedra filosofal a través de procesos impenetrables  que sólo él conoce.  “Bárbara es la portadora de la llave”, afirma Lucía Etxebarria,  “la que posee el secreto, la creadora de ritos. Bárbara es belleza y crea belleza desde el punzante sentimiento de la cosa revelada, porque tiene el poder de ensanchar el mundo en sus imágenes, de volverlo parcialmente sobre su opacidad y de descubrirnos en él formas y colores extraordinarios que se nos escaparon a primera vista. Bárbara es una maga…”. Ouka Leele, Premio Nacional de Fotografía en 2005, no duda en disfrazarse de Dolorosa para recrear una ficción metafórica, al tiempo que nos hace cómplices de realidades cotidianas repletas de una fuerte carga iconográfica.

Estas cinco fotógrafas nos muestran cómo miran las mujeres a otras mujeres. Cada una mediante diferentes vias de expresión, pero siempre bajo el común denominador de la exigencia formal, la experimentación y la osadía creativa.  Parafraseando a Rosa Montero, “porque hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres”

Blanca Berlín, enero de 2015

Imágenes de las exposiciones