Transparencias. Badri Lomsianidze

Blanca Berlín in colaboration with CEART (Centro de Arte Tomás y Valiente)

Exhibition at CEART. (30/06/2011 – 25/09/2011)

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Se dice que somos transparentes cuando dejamos ver a través, cuando las capas que conforman nuestra esencia matérica y espiritual son permeables y permiten adivinar aquello que hay detrás, en el fondo, en el alma. Las obras de Badri Lomsianidze (Kutaísi, Georgia, 1961) son así, invitan al espectador a ir adentrándose poco a poco en un mundo muy personal hasta llegar a su verdad escondida. Sin embargo, el camino no es fácil: para acceder a ella, antes hay que ir destapando los velos que la revisten y engalanan.

El autor materializa este proceso de “descubrimiento” a través de la superposición de imágenes reconocibles que conviven con naturalidad en una misma obra. Esta forma de trabajar enriquece el significado de las piezas y posibilita diversas lecturas al público dependiendo del nivel de profundidad en el que se haya detenido.

En su obra “La visita”, por ejemplo, en seguida percibimos dos formas principales de aproximación suscitadas por escenarios muy diferentes. Por un lado, la frialdad de un paisaje de invierno y un monumento de mármol en medio de ningún lugar; por otro, el dinamismo de una multitud de gente que  surge de un telón abierto desde la misma arquitectura. Las personas van y vienen y el espectador tiene la oportunidad de decidir hacia donde quiere dirigirse: el terreno deshabitado y solitario que le enfrenta a sí mismo o la transitada calle en la que se siente un ser en sociedad.  Además de esta dualidad implícita, la pieza ha sido concebida como alegoría de la entrada de los visitantes a la exposición, o lo que es lo mismo, como una gran apertura del universo del autor a aquello que cada uno  desee encontrar.

La historia y la cultura de su país son dos ejes centrales dentro de la obra de Badri Lomsianidze.  Este peso se evidencia especialmente en fotografías como “Instrucciones”, “Bandera roja” o “Hacia la libertad”. En esta última, una figura colosal irrumpe con decisión en medio de una vía napolitana acaparando la mayor parte de nuestra atención. Esta escultura, que fue construida como símbolo de la libertad del pueblo georgiano, materializa la fuerte presencia del pasado en nuestra cotidianeidad, a la vez que dota a la obra de una gran fuerza expresiva.

Mucho más sutiles son las capas de la pieza “Mirada”, en cuyo caso actúan como veladuras que dificultan el acercamiento a la mujer situada en el fondo de la imagen. Los trazos de pintura entierran parcialmente su rostro y proporcionan densidad a una personalidad fuerte y elegante que,  aunque distante, desvela mucho de su ser. Con su mirada no solo nos intriga e inquieta, sino que nos seduce y alienta a conocer su secreto.

En la serie de “La bailarina”, la figura humana se convierte en un ente fantasmagórico que se mimetiza con el resto de los elementos de la obra adquiriendo valores plásticos y simbólicos. El autor “diluye” el movimiento de la danza con texturas pictóricas y rastros de paisajes naturales para subrayar la necesidad de comunión entre el hombre y la naturaleza, así como la importancia de esta última como una de las principales fuentes de creación artística.

El trabajo de Badri Lomsianidze se caracteriza por su pluralidad semántica y técnica, libre de restricciones. Cualquier recurso, medio o material es válido para generar obras bellas con un estilo propio que bien podría definirse como “expresionismo simbólico”. El artista, dejándose llevar por la pasión y la intuición estética, utiliza imágenes de su repertorio personal a modo de pinceladas, para componer lienzos en los que emerge su estado de ánimo y su personalidad. El conocimiento de estos símbolos y de sus significados escondidos permite al espectador ir descubriendo cada obra mirando a través de ellos y reconociendo el universo del autor.

Nerea Ubieto