Exhibition Ramón Masats. Color

Inauguración: 10 de mayo de 2007
Clausura: 19 de junio de 2007

   Ramón Masats. Color

Blanca Berlín abre las puertas de su galería el 10 de mayo de 2007 con la exposición Ramón Masats. Color. La elección de la obra de Masats para inaugurar esta sala no es casual, constituye toda una declaración de intenciones entre los que se impone la excelencia fotográfica. El premio Nacional de Fotografía 2004 ofrece en esta muestra una mirada sobre el mundo llena de color, diferente de aquélla en blanco y negro que le situó entre los más grandes fotógrafos del siglo XX. Aquí nos encontramos con el Masats más arriesgado, íntimo y aconvencional. El costumbrismo de sus primeros trabajos cede el protagonismo a un enfoque mucho más abstracto, conceptual y moderno. Armonía, orden y geometría en su más pura esencia. En definitiva, un Masats del siglo XXI que para muchos sigue siendo “el Maestro”. Es poco frecuente descubrir las imágenes de Ramón Masats en una galería comercial e inédito es el gran formato, con edición limitada y firmada por el autor, de las fotografías que se ofrecen.

Textos

En 1957, a sus 26 años, llega Ramón Masats a Madrid para dedicarse profesionalmente a la fotografía. Como su paisano Josep Plá casi medio siglo antes, Masats traía de Barcelona ecos de la vida lugareña y la sabiduría antigua de las gentes sencillas, hechas al hábito del sacrificio y la incertidumbre. Y, al igual que el maestro ampurdanés, llegaba a la capital pertrechado de un infrecuente sentido común, un intuitivo recelo hacia todo tipo de verdad canonizada por la costumbre y una aversión visceral por lo solemne, campanudo o pretendidamente artístico.

Una mirada que no convocaba a la nostalgia, sino al gozo y al deslumbramiento visual. Indotado para la metafísica, recelaba de la mediocridad de los que entonces pasaban por maestros indiscutidos, aunque tampoco era fácil hallar una doctrina con la que pudiera identificársele, al margen de la que tozudamente iba construyendo para sí mismo con una determinación silenciosa y obstinada, atesorando, además, un sentido más irónico que sarcástico y una profunda socarronería, sobre la que fue construyendo ese carácter suyo, trasgresor e irreverente, que marcaría luego su mejor fotografía.

Hoy en día y contrariamente a sus primeros reportajes, su obra última la ha realizado enteramente en color. En ella encontramos su mismo vigor e insumisión de siempre, quizá ahora más atemperado por la sabiduría y el sosiego. En sus trabajos más recientes ha depurado su mirada y la ha serenado, y de su talento y capacidad protéica aún pueden esperarse nuevos virajes estéticos que le acercarían a los arrabales de cierta fotografía conceptual.

En tan largos años de profesión, lo único que no ha perdido Masats es su propensión a la misantropía y su afición a la soledad y el apartamiento. No es sorprendente que haya sido uno de los fotógrafos españoles menos frecuentados por expertos y galeristas. No obstante, no ha podido sustraerse a algunas solicitudes, como la que le llevó en 1999 a realizar una monumental exposición retrospectiva o geroantológica, como él irónicamente gusta de repetir.

Atrincherado en su tozuda obstinación, recibe los reconocimientos -en los últimos años se le van acumulando: Premio Nacional de Fotografía, Premio de las Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid, Premio Bartolomé Ros…- con indulgente complacencia y cierto regocijo socarrón.

Catalán en Madrid y madrileño en Cataluña, este ciudadano del mundo que nunca busçó la fortuna o la celebridad, sólo ambiciona ya, como su admirado Walter Benjamín, la gloria sin la fama, la grandeza sin brillo y la dignidad sin sueldo. Aunque esto nunca se sabe.

Publio López Mondéjar.