Exposición “El espìritu encerrado”. Badri Lomsianidze

Inauguración:  11 de Noviembre de 2010

El espíritu encerrado

En las obras de Badri Lomsianidze (Kutaísi, Georgia, 1961) se percibe un profundo equilibrio entre el más puro expresionismo y la sutileza de las formas clásicas.

El perfil renacentista de un rostro de mujer o la representación de un bodegón tradicional conviven con el trazo impulsivo y enérgico que impregna toda su creación. Son piezas únicas, experimentales, determinadas por la espontaneidad del autor, pero siempre bellas. El placer visual es una premisa para Badri Lomsianidze. No importa los materiales utilizados o el desorden espacial, en última instancia siempre se impone un ritmo que garantiza la armonía de las obras.

Aunque él afirma no pretender nada, ningún concepto o idea concreta, lo que hay en cada una de sus obras es su espíritu encerrado, su cultura, sus ideales, su familia, su fe. El acto de crear  es tan solo un vaciado de sí mismo que adopta la forma de lienzo, papel o instalación.

Por otro lado, a pesar del “aura” de intimidad que desprende su trabajo, el inquietante universo del artista está abierto para que la imaginación del espectador pueda operar. El público se deja llevar por escenarios decadentes y  personajes que no pertenecen a ningún tiempo o lugar, para construir una historia  propia de la que desconoce el final.

(Nerea Ubieto. Septiembre, 2010)

Textos

RENACIMIENTO, 2010. BADRI LOMSIANIDZE

Se dice que somos transparentes cuando dejamos ver a través, cuando las capas que conforman nuestra esencia matérica y espiritual son permeables y permiten adivinar aquello que hay detrás, en el fondo, en el alma. Las obras de Badri Lomsianidze (Kutaísi, Georgia, 1961) son así, invitan al espectador a ir adentrándose poco a poco en un mundo muy personal hasta llegar a su verdad escondida. Sin embargo, el camino no es fácil: para acceder a ella, antes hay que ir destapando los velos que la revisten y engalanan.

En la obra Renacimiento, el artista materializa este proceso de “descubrimiento” a través de la utilización de diferentes materiales e imágenes que se superponen y retroalimentan en una composición asimétrica pero equilibrada. Visualmente dividido en seis cuadrantes, el lienzo de seda está protagonizado por varios retratos: un niño, una anciana y el perfil de una mujer repetido que generan una secuencia rítmica completada por la nada blanca interpuesta entre ellos. Los rostros parecen emerger de la profundidad de la pieza pidiendo a gritos salir a la superficie, sin embargo, los trazos de pintura y la densa neblina generalizada en el cuadro se lo impiden. Se trata de la representación cuasi fantasmagórica de tres generaciones perdidas en una nube difusa. Quizá pertenezcan a la memoria personal del autor, a ese territorio subjetivo donde se almacenan nuestros recuerdos; algunos de ellos sobresalen con fuerza y de forma reiterada, otros en cambio luchan por hacerse ver en la quietud de nuestro pensamiento.

Renacimiento es una obra clave dentro de la totalidad de la producción de Badri Lomsianidze porque sintetiza a la perfección su versatilidad a la hora de trabajar, así como la fuerza expresiva y simbólica su obra.

Nerea Ubieto