Castro Prieto “Extraños”

Currículum

JuanManuel CastroPrieto nace en Madrid en 1958.

Economista de formación, ingresa a comienzos de los años ochenta enla Real SociedadFotográficade Madrid donde conoce aGerardo Vielba, Gabriel Cualladó,Paco Gómezy Juan Dolcet.

En 1990 viaja a Cuzco, Perú para hacer, junto a Juan Manuel Díaz Burgos, los positivos del maestro peruano Martín Chambi a partir de las placas de cristal originales. Tras ese primer viaje, comienza una larga relación con Perú, donde volverá otras diez veces más para completar su libro “Perú, viaje al sol”. Este libro irá acompañado de una exposición en el Centro Cultural dela Villa en el año 2001 que posteriormente itinerará por España, Francia, Bélgica, Italia, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú.

Su obra personal ha sido galardonada con diversos premios, destacando el Cesar Vallejo de Perú, el premio de PhotoEspaña Bartolomé Ros a su trayectoria como autor en 2002 y el de fotografía de la Comunidadde Madrid, que dará pie a la exposición y posterior publicación del libro con el mismo título, “Extraños”, trabajo que recorre veinte años del territorio más intimistade Juan Manuel Castro Prieto.

En 2005 viaja a la isla de Tanna, viaje que se materializará en una exposición y en un libro con texto de Dimitri Ladischensky bajo el título “Esperando al Cargo”.

Ese mismo año expone en la GaleríaArteXXIy publica el libro “La Seda Rota”.

También en 2006 recibe un encargo del Museo D’Orsay que dará lugar a una exposición en el mismo museo y a la publicación de un libro en 2007.

En 2009 publica el libro “Etiopia” conla editorial Lunwerg y texto de Christian Caujolle. Expone este trabajo en el Teatro Fernán Gómez de Madrid.

Ese mismo año expone en la Galería Blanca Berlín de Madrid “La Seda Rota”.

Colabora con Alejandro Iñárritu en una producción fotográfica sobre el rodaje de su última película “Biutiful”.

Publica el libro “Cuando vuelva a tu lado” de Albarracín con texto de Antonio Ansón y editado porla Fundación Santa María de Albarracín.

Con la ayuda de la familia de Martín Chambi, comienza a trabajar en un proyecto organizado por Alicia Venturay DKV Seguros para la elaboración de un libro en el que Castro Prieto sigue las huellas del autor Peruano. De este libro surgirá una exposición itinerante y el libro “Martín Chambi-Perú-Castro Prieto” en el año 2011.

En el año 2010 la ciudad francesa de Sète le ofrece carta blanca para la realización de un libro sobre la ciudad. Comoresultado de ello se publica el libro “Edén”.

Recibe el encargo de La Fábrica de ilustrar fotográficamente la obra literaria “Bodas de Sangre” deFederico García Lorca, que verá la luz en el 2011.

En el 2011 Juan Manuel realiza un recorrido por los principales museos de Madrid para interpretar en clave personal algunas de las principales obras de dichos museos. Fruto del cual se inauguran la exposiciones “Habitantes y paseantes” y “Paseo por el amor y la muerte” en el Palacio de Cibeles en Madrid.

En la actualidad compagina el desarrollo de sus proyectos personales con las colaboraciones para Le Monde, Geo, Mare, National Geographic, Le Figaro, La Republica, L’Expresso, El País, The Times, etc….

Extraños. Por Alejandro Castellote

Juan Manuel Castro Prieto (Madrid, 1958) es un fotógrafo total. La fotografía impregna su vida personal y profesional. La cámara es para él una excusa para activar su relación con el mundo, una filosofía de vida que utiliza para conocer y conocerse. Hacer fotografías tiene para él tiene un efecto catártico; sus imágenes suelen incluir una fuerte componente autobiográfica y por tanto le han permitido sacar muchos de los temas que le inquietan. A menudo la práctica de la fotografía también le ha servido para liberarle de las tensiones y relajarse. Una buena parte de su obra ha estado marcada por los viajes: Perú, Etiopía, India, los archipiélagos del Pacífico Sur, México… países a los que ha dirigido una mirada mitificadora que en ocasiones ha adquirido el carácter de obsesión, retornando una y otra vez hasta sincronizar sus fotografías con sus propias ensoñaciones. Pero su universo más personal está recogido en las fotografías que realiza en los lugares mas cercanos: allí donde transcurre la vida cotidiana.

Su serie Extraños es un magnífico ejemplo de la coherencia que Castro Prieto ha desarrollado a través de su obra entre 1983 y 2003 y que sigue ampliando en la actualidad. En los casi treinta años que han transcurrido desde que comenzara a relacionarse con la fotografía es posible extraer un hilo conductor que atraviesa todo su trabajo: su voluntad de servirse de las imágenes para ilustrar la naturaleza sorprendente, contradictoria e inquietante del mundo que nos rodea. Su idea es recrear situaciones extrañas que no responden exactamente a la realidad, aunque estén apoyadas en ella. Quizá por ello abundan los desenfoques, las imágenes movidas, las atmósferas evanescentes. Castro Prieto rehúye la transcripción tautológica de la realidad y se aventura a intentar representar la textura icónica de los sueños.

Profundamente interesado por la gestión de la memoria que hace el ser humano, sus imágenes exploran las huellas latentes que habitan los espacios privados y familiares, pero también se detienen en la puesta en escena que desplegamos para albergar, mostrar y compartir nuestros recuerdos: improvisados altares barrocos, de apariencia sur-real, repletos de signos y connotaciones que se alejan de nuestra comprensión. A través de su mirada los cuerpos, rostros y escenarios anónimos se convierten en protagonistas de un mundo extraño y ajeno que él refleja con una poderosa impronta literaria.

Castro Prieto incluye en su serie Extraños reflexiones de marcado carácter intimista, que nos remiten al sexo, la muerte o la infancia. Elementos que emergen una y otra vez en su cosmovisión del mundo en que vivimos. A través de estos temas se puede descubrir el lento proceso de maduración de una gramática visual propia. Las suyas son imágenes que insisten en la dualidad omnipresente bajo la superficie de los sentimientos, los paisajes o los objetos. Así, el sexo y la muerte coexisten en algunas de sus imágenes  evidenciando un cierto fatalismo en su relación con la vida, pero muestran también una reivindicación lúdica de la existencia: Eros y Tánatos se mezclan y confunden. Sus desnudos trascienden la carnalidad para convertirse en representaciones simbólicas. Como simbólicas son sus representaciones de la infancia, ese territorio ambiguo, lleno de ángeles y demonios: un tiempo de abstracción y de primeras introspecciones, de euforias y miedos que construyen la invisible estructura de nuestra personalidad futura.

Alejandro Castellote